La magia de la Lonja logra seducir a THIS IS ROCK la principal revista especializada en Rock en España que resalta en su último número las cualidades. 'El luna lunera es sinónimo de clase y sencillez... de puro rockandroll'
Por Vicente Ramírez.
THIS IS ROCK. Nº 64. Octubre '2009, pags.94-95
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Aunar bajo la misma luna uno de los enclaves más bellos de los conjuntos históricos de nuestro país con la mejor música de artistas del panorama nacional e internacional, en una oferta tan intimista como tocada por la gracia y hospitalidad de la gente del pueblo de Sos del Rey Católico, es algo que difícilmente se puede dar en otro lugar y mucho menos experimentar si no es allí. Por ello calificar la experiencia del Luna como un festival es quedarse muy corto, porque no hay festival capaz de hacerte sentir lo mismo.
Con una filosofía alejada de muchedumbres e incomodidades, el Luna Lunera es sinónimo clase y sencillez, en un ambiente ebrio de amistad. Los de nuestro entorno que ya acudían a él, parecía que hablaran de un lugar secreto, de un paraíso que intentas proteger de la masa. Desde que lo descubrimos en primera persona nos unimos a quienes temen compartir este lugar aromático donde la música cobra su razón de ser.
A contra corriente de la vulgaridad imperante el Luna ambientado en la Edad Media no deja de sorprenderte. Ante más de diez días de festival, siempre en fin de semana y bajo el aforo limitado de poco más de 400 personas en la lonja medieval, elegimos lo que consideramos más rockero con el fin de disfrutar de nuevo de la magia de tan singular propuesta. Bunbury a pesar de ser aragonés por fin desembarcaba para ofrecernos su rock particular con una frase lapidaria "Si vinieron a escuchar rock and roll, esto les va a doler". Enrique no vino ni a cumplir expediente ni a verse coaccionado por el entorno, y dio lo que mejor sabe hacer sin preparar nada especial.
'Hellville De Luxe' sonó atronador entre el resto de sus temas en solitario, ante un público que tuvo en el bolsillo desde mucho antes de que pisara el escenario. Seis días después era el momento, bajo la atenta mirada al cielo y sus caprichos hídricos, de disfrutar de la singular pareja formada por Gary Louris y Mark Olson. Quienes si bien rezuman calidad y clase sudando canciones de su reciente 'Ready For The Flood', más los obligados clásicos de su banda principal The Jayhawks, dejaron contentos a sus acérrimos fans, y en un estado de bostezo continuo a los que pensaban que sería algo más. Pero como acertadamente dijo un amigo "un concierto de unos Simon & Garfunkel con bongos", y es que un par de guitarras es lo que tiene en directo, a pesar de que Mike Mills uniese sus fuerzas a ellos para interpretar el final de la actuación 'Blue'.
Tras un pequeño descanso y el típico cambio de equipo, The Baseball Project, o lo que es lo mismo Steve Wynn, Scott McCaughey (Young Fresh Fellows, Minus 5 y músico de REM) más el bajista de REM, Mike Mills, todos ellos apoyados a la batería por la mujer de Wynn, Linda Pitmon. Nos ofrecían su primer concierto como grupo a nivel mundial con una temática de letras completamente basadas en el deporte que les une a todos ellos: el béisbol. Y no sé trato de un simple concierto de rock de un grupo de colegas unidos por un bien común, ofrecieron un directo rockero con mayúsculas lleno de sabor americano. Con un Mike Mills fuera de sí, en éxtasis de estrella rockera, fue el último en abandonar el escenario clavando literalmente su bajo en el suelo de la lonja medieval al más puro estilo caballero de la mesa redonda.
24 horas después, y con una amenaza importante de lluvia convertida a la hora del concierto en una realidad, hizo que las esperanzas e ilusiones de un grupo novel como Vetusta Morla se fueran al traste, mientras que los americanos Marah observaban resignados el chaparrón de agua que anegaba por momentos escenario y gradas. Al tiempo que enfriaba los ánimos de todos aquellos que con la entrada empapada en la mano miraban atónitos a expensas de la suspensión oficial. Pero a veces una cosa trae a la otra y todas juntas dan una idea tan inusual como efectiva. Vetusta Morla a través de la ventana de su vestuario a capella y guitarra acústica intentaban saciar el hambre de sus fans, aquello dio como resultado el traslado de todo el mundo a la plaza del pueblo a improvisar una especie de desenchufado. Un amplificador, una guitarra acústica y muchas ganas, todo bajo los arcos de piedra centenaria.
Vetusta y Marah fueron alternando títulos, mientras cualquier cosa que se pareciese a un concierto no se encontraba allí, pero si muchas ganas de gustar a los que se quedaron hasta el final, incluido el bajista de REM que anonadado dijo la frase de la noche "¡Esto sí es rock 'n' roll!". Y con un 'New York New York' en plan jam se ponía fi n a este sucedáneo inconsciente y absurdo, pero especial e irrepetible que vale cada minuto su medida en oro.
Luna Lunera se ha creado a pulso esa fama que corre como la pólvora entre los artista de este país y medio mundo, no solo es tocar en ese entorno, no solo es vibrar junto a tu público. Incluso el público no sólo está allí por la música. Todo va más allá de un concierto y los estímulos están a ambos lado a flor de piel capturando cada uno de los momentos vividos para transformarlos en únicos. Luna Lunera empieza cada noche en un escenario y termina a la madrugada después del show en ese pub donde fan y artista se funden en uno mismo. O donde ver romper a Mills un candelabro de la pared después de haber brindado con uno con un gintonic en la mano. Es sinónimo como decía minutos antes en la calle bajo la fina y fría lluvia aragonesa de puro rock and roll.
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